En cualquier supermercado se puede encontrar, por ejemplo: zumo de naranja forticado con vitamina D, o yogures enriquecidos en calcio. Pero hay muchos más.

Todos estos alimentos, entre otros, se fortifican o enriquecen en vitaminas y minerales:

  • cereales de desayuno
  • zumos
  • galletas
  • bollería
  • golosinas
  • postres lácteos
  • platos precocinados
  • leche

¿Consumes muchos productos de este tipo?

Si has contestado que no, ten en cuenta que mucha gente ni siquiera es consciente de esta ingesta «extra» de vitaminas y minerales en forma de alimentos enriquecidos y fortificados.

Poca gente sabe que la mayor proporción de las vitaminas A y D que hay actualmente en la leche, particularmente en la desnatada, corresponde a vitaminas sintéticas que se han añadido a la leche. Hoy en día, en Estados Unidos la leche desnatada no se puede llamar leche si no está enriquecida con vitamina D.

¿Cuál es la diferencia entre alimentos enriquecidos y fortificados?

A veces hay confusión entre ambos términos y se usan como sinónimos, aunque no son exactamente lo mismo.

Ambos consisten en añadir deliberadamente alguna sustancia (vitaminas, minerales, fibra, ácidos grasos, etc.) a un alimento.

  • Un alimento enriquecido es aquel al que se le han añadido una o varias sustancias que ya contenía el alimento antes de ser procesado, bien porque tiene poca cantidad, o porque se ha perdido durante el procesamiento del alimento. A veces se añaden cantidades muy superiores a las que contenía el alimento original.

Por ejemplo, la leche contiene vitamina D, aunque muy poca cantidad; al añadirle vitamina D, se la enriquece en vitamina D.

Otro ejemplo: cuando se refina el trigo se pierde gran parte de las vitaminas; para reponerlas, se añaden vitaminas a la harina; son harinas enriquecidas en vitaminas.

  • Un alimento fortificado es aquel al que se le han añadido nutrientes (o sustancias, en general) que no estaban originalmente en el alimento antes de ser procesado. Algunos alimentos no contienen per se determinados nutrientes. Al añadirlos, se consigue que el alimento reúna características distintas, supuestamente mejoradas.

Por ejemplo, es bastante común que los zumos de frutas se fortifiquen con vitamina D.(En conjunto, las plantas nos proporcionan —de forma natural— todas las vitaminas, excepto la vitamina D, la vitamina B12 y la vitamina A.)

A veces se realiza un doble procedimiento: se enriquece y se fortifica el producto.

Los alimentos «a la carta» no suelen superar a los originales.

A veces ni siquiera los igualan. Las empresas nos hacen creer que los alimentos procesados tienen un valor alimentario al menos igual, y a menudo superior, al del producto de base. En vez de revelar las sustancias que se han destruido, resaltan en los envases las que han añadido.

La verdadera genialidad de la publicidad reside en su capacidad para vendernos la solución y el problema.

—GEORGE ORWELL

¿Por qué hay tantos en el supermercado?

Cereales fortificados, alimentos funcionales, alimentos con fibra, alimentos ricos en hierro, alimentos con vitamina D… La razón principal por la que las empresas (alimentarias) están deseando proveernos de tantos productos enriquecidos o fortificados en vitaminas o en minerales es muy simple: son rentables.

  1. La fortificación es una estrategia de imagen y de marketing.

Está demostrado que las personas elegimos más (pensando que es mejor para nuestra salud) los productos en los que se incluyen frases llamativas de este estilo: «Fuente de vitaminas» o «Enriquecido en hierro».

Sin embargo no deberíamos dejarnos impresionar por este tipo de mensajes.

La frase: «Contiene vitaminas» podría utilizarse para vender cualquier alimento, excepto el azúcar puro (que solo tiene una pizca de vitamina B2), el almidón y el alcohol.

Tampoco deberíamos dejarnos impresionar por mensajes como, por ejemplo «Contiene inmunonutrientes que ayudan a tu sistema inmunitario».

Una humilde patata hervida también podría presumir de lo mismo, y de otras 27 cosas más, avaladas por la EFSA (la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, responsable de que lo que se anuncie esté repaldado por los estudios científicos).

Patatas

  1. Por otra parte, el costo de la fortificación (o del enriquecimiento) es muy bajo con relación al valor total de los productos básicos.

El enriquecimiento y la fortificación le proporciona mucho valor añadido a la materia prima.

Las vitaminas y los minerales son muy baratos.

Los ingredientes (vitaminas y minerales) utilizados para enriquecer los productos procesados y enriquecidos cuestan menos del 3- 5 % del valor final del producto.

Si tuvieramos la tecnología y el conocimiento que tienen las empresas, podríamos comprar un kilogramo de vitamina C en polvo —equivalente a la dosis anual (anual, no diaria) recomendada para 29 mujeres o 25 hombres adultos— por unos 20 dólares (unos 16 euros), o un kilogramo de vitamina B3 por 25 dólares, y obtener cajas de cereales enriquecidos, o barritas fortificadas que podríamos vender a más de un dólar o euro cada una. Lo mismo pasa con los piensos de nuestras mascotas o de los animales que nos comemos.

  • ¿Corremos riesgos al consumir este tipo de productos?
  • ¿En qué casos nos pueden venir bien?

Lo veremos en los próximos artículos.

Imagen: ©theimpulsivebuy. Retro Cocoa Puffs Box.