Un nuevo estudio afianza la sospecha de que la ingesta de una combinación de glucosa y fructosa (los dos azúcares más comunes de la dieta), incluso a dosis moderadas, puede acelerar la formación de tumores. Este estudio es, probablemente, la prueba más directa que tenemos hasta la fecha de que el azúcar puede impulsar la progresión del cáncer, independientemente del conocido efecto en el aumento de peso y la obesidad. Aunque el estudio está hecho en ratones, está diseñado de tal forma que muestra lo que le podría suceder a una persona que tenga predisposición al cáncer de colon y que tome una lata de Coca-cola (unos 35 gramos de azúcar) al día.

Las ventas de bebidas azucaradas comenzaron en la década de 1980, cuando los subsidios al cultivo de maíz en los Estados Unidos fomentaron la producción masiva de un jarabe de maíz barato y con alto contenido de fructosa que inundó el mercado y reemplazó al azúcar de mesa. El consumo de bebidas azucaradas ha discurrido en paralelo a la epidemia de obesidad que amenaza al mundo moderno. La obesidad causa inflamación, y este es uno de los motivos por los que se cree que la obesidad favorece el desarrollo de cáncer, por ejemplo del cáncer de colon, cuya incidencia ha aumentado en personas menores de 50 años.

¿Qué es el azúcar?

El azúcar es el nombre genérico de los carbohidratos solubles de sabor dulce. Son moléculas libres (por eso dan sabor dulce a los alimentos), no unidas en largas cadenas, como los carbohidratos de la pasta, el pan o el arroz. Pueden ser moléculas individuales, como la glucosa, la fructosa y la galactosa, o un par de moléculas unidas, como la sacarosa o azúcar de mesa (compuesta de glucosa y fructosa) o la lactosa, el azúcar de la leche (compuesta de glucosa y galactosa). La fructosa, el azúcar común en las plantas, se produce naturalmente en las frutas, algunas hortalizas, el azúcar de caña y la miel, y es el más dulce de los azúcares. A veces se añade azúcar a los alimentos, aunque estos también lo contienen de manera natural.

La sacarosa es el azúcar que se suele añadir a la bollería, a las golosinas y a muchos alimentos procesados, entre ellos las bebidas azucaradas. También es muy frecuente endulzar las bebidas y otros alimentos con jarabe de maíz con alto contenido en fructosa. En nuestro sistema digestivo, tanto la sacarosa como el jarabe de maíz se separan en fructosa y glucosa. De inmediato el cuerpo libera la dosis de insulina necesaria para que la glucosa pueda penetrar en las células (la insulina es como la llave que deja entrar la glucosa en las células).

bebidas azucaradas

El azúcar lleva tiempo en el punto de mira de los investigadores por su posible relación con el cáncer. No cabe ninguna duda de que los cambios metabólicos que se producen en la célula cancerosa tienen mucho que ver con el desarrollo de un tumor. Hasta ahora se pensaba que las mutaciones genéticas generaban cambios metabólicos en la célula tumoral. Pero ahora se ha visto que también ocurre a la inversa: cuando el metabolismo se altera, es capaz de mandar señales a las células, a las proteínas y a los genes. Es decir, el metabolismo actúa como un regulador clave en las células tumorales. Por tanto, el cáncer se ve cada vez más como una enfermedad metabólica, a la par que genética. Las células cancerosas consumen más azúcar porque su metabolismo cambia, y a su vez estos cambios podrían favorecer el crecimiento del tumor.

¿Los azúcares están relacionados con la aparición de cáncer?

Hasta ahora, teníamos muchas sospechas, pero pocas pruebas. Tanto es así que algunos investigadores han criticado los titulares sensacionalistas que relacionan el azúcar y el cáncer:

Decir que el azúcar alimenta el cáncer no es nada más que una leyenda urbana, el resultado de una ciencia incomprendida y distorsionada. El azúcar no hace que el cáncer crezca más rápido. Todas las células, incluidas las células cancerosas, dependen del azúcar en la sangre (glucosa) para obtener energía. Pero dar más azúcar a las células cancerosas no acelera su crecimiento. Del mismo modo, privar a las células cancerosas del azúcar no ralentiza su crecimiento.

Si bien es verdad que el cáncer se alimenta de azúcar (glucosa), también lo hacen todas las otras células de nuestro cuerpo. No hay pruebas convincentes de que una dieta con cantidades razonables de azúcar cause o acelere el crecimiento de las células cancerosas, ni de que dejar de comer azúcar ralentice su crecimiento. Tampoco las hay de que los alimentos con un alto índice glucémico aumenten el riesgo de la mayoría de los tipos de cáncer (aunque los alimentos con alta carga glucémica probablemente sí aumentan el riesgo de cáncer de endometrio). Sin embargo, consumir cantidades excesivas de azúcar puede causar obesidad y diabetes. Y ambos factores sí están relacionados con el aumento de la incidencia de varios tipos de cáncer.
Pero la relación directa entre las bebidas azucaradas y el cáncer aún no se ha demostrado. El salto es demasiado grande. Además, la genética individual y el estilo de vida (el ejercicio que hagamos, fundamentalmente) pueden modificar los efectos del azúcar en nuestro organismo. Del conjunto de pruebas de que disponemos, un buen puñado de ellas apunta a los alimentos y bebidas que contienen fructosa en relación con el cáncer de páncreas.

Un nuevo estudio ha descubierto que, en ratones propensos a formar tumores de colon (un tipo de ratones modificados genéticamente), el azúcar (una mezcla de glucosa y fructosa similar a la de las bebidas azucaradas, tomado en forma líquida) conduce al crecimiento del cáncer de colon. Aunque no está claro que los humanos reaccionemos de la misma manera, los investigadores que realizaron el estudio dicen que sus resultados podrían ayudar a explicar el reciente aumento del cáncer de colon en los adultos jóvenes.

El estudio se realizó en ratones que desarrollan tumores de colon porque carecen de un gen, el mismo que ha demostrado predisponer a las personas a ese mismo cáncer. Cada día, los investigadores introducían en el estómago de los animales (con una sonda gástrica) alrededor de una décima parte de una cucharadita de agua que contenía jarabe de maíz con alto contenido en fructosa. Esta cantidad de azúcar era muy poca para hacer que los ratones aumentaran de peso, pero era el equivalente en humanos a tomar una lata de refresco al día.

Los ratones que recibieron el azúcar no desarrollaron más tumores de colon que aquellos a los que se les daba simplemente agua (ratones control). Pero después de dos meses, aproximadamente, la mayoría de los tumores de los roedores a los que se les daba el azúcar se habían vuelto más grandes y más invasivos que los tumores de los ratones control. Después marcaron los azúcares con isótopos radiactivos, para seguirles la pista por el cuerpo (esta es una forma habitual de ver lo que le ocurre a las moléculas dentro del cuerpo). Los análisis con glucosa y fructosa (los dos componentes del jarabe de maíz con alto contenido de fructosa) marcadas con isótopos revelaron que gran parte de la fructosa se saltó su ruta habitual de absorción en la sangre a través del intestino delgado y se dirigió directamente al intestino grueso o colon, donde las células tumorales la absorbían junto con la glucosa.

En otro estudio reciente también en ratones, se ha mostrado que dosis de fructosa superiores a 1 g/kg (~ 1% de la ingesta diaria de calorías) superan la capacidad de absorción de fructosa en el intestino delgado, lo que resulta en una mayor concentración de fructosa en el colon, donde crecían los tumores. Es decir, es como si la fructosa «abonara» directamente el tumor, sin tan siquiera pasar por la sangre. Una vez dentro de las células tumorales, la fructosa se degradaba por una enzima llamada fructoquinasa, lo que alteraba el metabolismo de las células tumorales y aumentaba el crecimiento celular, ya que obtenían más energía. Además, esta vía también activaba la producción de los ácidos grasos que necesitan las células tumorales para crecer. En los ratones que carecían de esta enzima, los tumores no crecieron más que en los animales control. Si ocurriera lo mismo en humanos, se podría tratar los tumores con un fármaco que inhiba este enzima, porque la fructosa no es esencial para la supervivencia y el crecimiento de las células normales.

Entonces, ¿deberíamos dejar de tomar bebidas azucaradas?

El equipo dice que los resultados en los ratones sugieren que las bebidas dulces, incluidas las que contienen azúcar de mesa, podrían acelerar el crecimiento de pólipos precancerosos en personas que, si no las consumieran, tardarían décadas en desarrollar cáncer. «Incluso una modesta cantidad de bebidas azucaradas podría acortar el tiempo de desarrollo del cáncer», dicen. Los experimentos están bien hechos y los resultados son convincentes. Pero aún no está claro cómo de relevantes son para las personas estos experimentos en roedores. Tampoco está claro cuáles serían los efectos del jarabe de maíz si las bebidas se tomaran lentamente o mezclándolas con alimentos. Es decir, no solo es importante la cantidad de azúcar que se toma, sino la velocidad a la que se hace. Tampoco sabemos si el riesgo aumentaría moderadamente o levemente. O si este aumento sería insignificante en comparación con otros factores que conocemos.
En cualquier caso, el estudio afianza la hipótesis de que la combinación de glucosa y fructosa en la dieta, incluso a dosis moderadas, puede acelerar la formación de tumores, al menos en ratones.

Imagen: Ricky Kharawala, Unsplash.